sábado, 25 de febrero de 2012

BIG BEN O BIG BANG

Big Ben o Big Bang
Por: Andrés Bonikowsky



Fue en Julio de 1859 cuando los londinenses escucharon por primera vez el sonido del Bing Ben, el reloj mecánico más grande que jamás se había construido. Se puede leer la siguiente inscripción en la enorme cada de fundición (con 5 metros de largo) que contiene el mecanismo del reloj: ESTE RELOJ FUE FABRICADO EN EL AÑO DE NUESTRO SEÑOR 1854 POR FREDERICK DENT DE STRAND Y EL ROYAL EXCHANGE, RELOJERO DE LA REINA , DE LOS DISEÑOS DE EDMUND BECKETT DENISON Q.C. Durante los últimos 140 años, y a pesar de que en 1941 una bomba incendiaria destruyó parte de los edificios colindantes, este reloj ha cumplido fielmente su labor de guardar las horas del día. Desde las cuatro esferas exteriores (con manillas de 4.5 metros de largo) hasta el enorme péndulo que golpea cada hora en el interior del Big Ben (la campana principal de 13.5 toneladas) todas las piezas trabajan en perfecta sintonía para registrar el paso del tiempo. ¿Te gustaría oír esas campanadas? Pues no tienes que viajar al Reino Unido. A cualquier hora del día y desde cualquier lugar del mundo puedes sintonizar la radio a la BBC para escuchar en directo el majestuoso sonido (en el tono de MI) del famoso reloj.



¿Verdad que sería un disparate intentar demostrar que esta maravilla de reloj es el resultado de una gran explosión en el centro de Londres? Sólo un loco se atrevería a insultar de esta manera a Edmund Denison, el genial diseñador del reloj, y enseguida nos opondríamos a cualquier argumento a favor de semejante idea.



Sin embargo, mucha gente hoy en día ha aceptado (sin debate alguno) una idea muy parecida a esta en relación a su propio origen. Oímos por todos lados que nuestros antepasados eran monos, y que todo lo que hoy existe, salió de un grandísimo ¡BOOM! En películas, prensa y textos educativos se nos insiste que la teoría de la evolución es la respuesta a nuestro origen. Somos el resultado, dicen, de una fabulosa casualidad. Con una ola de ilustraciones, diagramas y teorías procuran convencernos de que algo tan extraño pudiese ocurrir. Aunque a veces muy dispares y contradictorios entre sí, hay algo en que todas estas voces coinciden: No hubo ningún ser inteligente al principio de la vida y que todos somos el producto de un “Big Bang” que ocurrió en algún pasado incalculablemente lejano.



Pero el que se atreva a hacer una reflexión independiente y seria debería hacerse esta pregunta. ¿Hay alguna lógica en pensar así? ¿Tiene sentido que la increíble complejidad de nuestro mundo haya llegado por una casualidad? Creo que una sencilla mirada alrededor nos revelará amplia razón para cuestionarlo seriamente.



El mundo de la relojería nos ofrece un ejemplo claro y objetivo. Desde el Big Beng con su impresionante presencia hasta el pequeño reloj de pulsera en nuestra muñeca encontramos un inquietante motivo para el escepticismo. La lógica más sencilla y evidente es que alguien tuvo que colocar todas las piezas en su sitio. Es imposible que pudieran haber salido de una explosión fortuita. Las explosiones destruyen, nunca construyen. ¿Es verdad o no? Piénsalo.



¿Cómo entonces puedo yo, un ser de fantástica complejidad, proceder del “Big Bang”? La lupa de la razón no puede descubrir ni un solo ejemplo en nuestro mundo de un diseño (evidencia de inteligencia) que haya salido de la ignorancia. El orden no nace del desorden ni se desarrolla por su cuenta. Si hay diseño, hay una mente que lo diseñó. Si hay orden, alguien lo ordenó.



En el antiguo libro bíblico de Eclesiastés 3:11 encontramos esta curiosa declaración: “Ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin”. Según Salomón, tu inteligencia es una sombra de la inteligencia de tu Creador, mediante la cual te ha capacitado para buscarle, encontrarle y amarle por toda la eternidad. En Génesis 1:27 se nos dice: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”



De algún sitio has salido, ¿de veras crees que es del “Big Bang”? Piensa.